sábado, 16 de febrero de 2019

Inocencia


INOCENCIA

Al silencio de la noche
la luna llorando estaba;
a sus pies dormía una estrella,
que con su luz alumbraba
sus ojos tristes de plata.
¿Qué tienes? le preguntó
un ángel que se acercara,
quién sabe de qué celeste
e iluminado sendero.
La luna le contestó:
Se me ha caído a la tierra
el velo blanco de novia,
que me regalara el sol
la noche de los luceros.
¡Ya entiendo! el ángel la dijo:
Al no existir ya conciencia,
con él han hecho una capa
todos los niños del mundo,
salvando así su inocencia
de la maldad de los hombres.
¡No llores luna!, al instante,
confeccionaré un vestido,
de algún cometa perdido,
cubriéndolo de diamantes.
El ángel marchó y la luna
vestida de blanco velo,
se levantó de su cuna
en la inmensidad del cielo.
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Autor: Juan A Galisteo luque
Del libro: Café Boulevard
Imagen: Gentileza fotos Pixabay


martes, 18 de septiembre de 2018

Manos al viento



MANOS AL VIENTO

Manitas de los niños,
manitas pedigüeñas,
de las flores del campo
sois dueñas.
Sois dueñas del abismo,
del cielo y las estrellas,
de la luna y los mares,
de las playas y arenas.
Sois, en fin, un sentido
de amor y de nobleza,
que necesita el hombre
para abrir esas puertas
a la fe, a la esperanza,
y a tantas cosas buenas,
que tan solo se abren
en los días de fiesta.
Manitas de los niños,
con llanto de tristeza,
que llamáis temblorosas
a mi puerta de rejas.
¿Teméis justificaros
acaso de pobreza?
o ¿debéis dar alguna
razón, si es que la hubiera,
por caminar descalzos
mil senderos de piedra?
¡No gritéis al silencio
favores ni clemencia,
que el viento, es sordo y mudo
y no entiende de quejas!
Sin conocer la vida,
su egocéntrica esencia,
sin conocer el mundo
marcado de insolencia,
sois grandes, por ser chicas,
sois fuertes, por ser tiernas,
y aún, sin estar limpias sois,
¡lo mejor de la Tierra!
Manitas de los niños,
que a cara descubierta,
denunciáis la mentira
y el afán de riqueza;
la infamia y el sofisma,
desgarrarán las venas
de un orbe encanallado,
sediento de grandeza
Siendo nobles de encanto
y por naturaleza,
con actos vacilantes,
con gestos de flaqueza,
¡despertáis a la vida
porque sois almas buenas!
Tal vez, por la ternura,
tal vez, por la franqueza,
tal vez, en fin, ¡por todo!
hasta por la inocencia,
-ni es dueña la razón,
ni la razón es dueña-
solo son vuestras manos,
que se abren con firmeza,
reclamándole al mundo
derecho a la existencia.
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Autor: Juan A Galisteo Luque
Del poemario. Romances en la penumbra
Publicado en Canal Literatura


domingo, 9 de septiembre de 2018

Enlace


ENLACE

Dicen que el amor no existe
dicen que el amor es ciego,
dicen, dicen tantas cosas,
que hasta yo mismo las creo.
Por eso mientras lo oiga,
así, lo iré desmintiendo,
para no engañar al alma
ni a ese noble sentimiento.
En este mismo recinto
que fuera antiguo convento;
al pie de este hermoso patio
donde afloran los recuerdos; 
con el tiempo y con los años,
dos almas llenas de anhelo,
vienen como golondrinas
a formar un nido nuevo.
Y como el cariño existe,
también dicen el  "Sí quiero",
porque el amor siempre es joven,
y emerge desde lo eterno...

¡¡¡Vivan los novios!!!
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Autor: Juan A. Galisteo Luque
Del poemario: Versos y paisajes
Convento de Santa Clara en Valmaseda
Fotografías del autor


sábado, 8 de septiembre de 2018

Canto a Russadir


TRÍPTICO MEMORIAL

I
En ese Mar de Alborán, escondida noche y día,
como una diosa fenicia acariciando la orilla,
¡qué lejos estás de España! ¡qué lejos estás Melilla
de Algeciras y de Cádiz, de Málaga y Almería!
*
Preciosa ciudad de España, esbozo de Andalucía,
¡qué lejana estás de Huelva, de Córdoba y de Sevilla!
pues siendo hermana de Ceuta, eres ciudad que no villa,
y eres divino tesoro, cual rosa de Alejandría.
*
¡Quién pudiera navegar junto a un canto de sirenas,
y en la brisa de la noche, con la bóveda estrellada,
poder alcanzar tu puerto, junto a esas playas serenas!
*
¡Quién pudiera Rusadir, llegada la madrugada,
caminar por ese faro, sin lazos y sin cadenas,
con el rumor de las olas, bajo la luna callada!

II
Vives tan sola Melilla y estás tan enamorada,
entre esas olas hermosas que forman el mar bravío,
que mi corazón te aguarda, como venciendo ese hastío,
que me rinde y adormece entre suspiros de almohada.
*
Acaricias mi nostalgia con quietud apasionada,
desde ese el Sol del Ocaso, que en esas tardes de estío,
despereza los recuerdos y se enfrenta al desafío,
con su rojo resplandor y, su sonrisa apagada.
*
Permaneces en mis sueños con nobleza y con premura,
y al contemplar tu belleza, yo me ofrezco al albedrío,
rindiéndome en manifiesto con caricias de ternura.
*
Y llego hasta tí Melilla, como corriente de un río,
para poder abrazarte con el alma limpia y pura,
embriagado de añoranza y, un sentir que es solo mío.

III
¡Qué lejos estás Melilla y qué cerca estás del cielo!
tus murallas y baluartes se observan en la distancia,
viajando hasta mi memoria esas cuevas de elegancia,
junto a los puentes y fosos construídos desde el suelo.
*
Murallas de la Alcazaba que fortificáis mi anhelo,
igual que un rico perfume embriaga con su fragancia,
¡liberad esos cañones, que dignos de relevancia,
se rinden a la inclemencia, sin protección y sin velo!
*
Ciudad vieja de Melilla, de mítica Neptuniana,
que al Cerro de San Lorenzo llegaron tus vivas huellas,
¡deja que el Dios Crono ejerza su influencia soberana!
*
Evita de aquellos dioses del Olimpo sus querellas,
y olvida ya para siempre tanta Púnica y Troyana,
para soñar junto al mar, a la luz de las estrellas.
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Autor: Juan A. Galisteo Luque
Del poemario: Versos y paisajes
Publicada en Canal literatura
Fotografía del autor



viernes, 7 de septiembre de 2018

Canto a Rusadir



DÍPTICO MEMORIAL

I
¡Atiéndeme Rusadir! ¡Escúchame con cordura!
esas naves de tu puerto que observas tras la ventana,
son solo barcos modernos que con la brisa temprana,
arriban, después navegan por el mar a la aventura.
*
No revivas tantas veces la odisea y la locura,
de Escipión el Africano, que a su suerte bien cercana,
venció al general Anibal en Zama, aquella mañana,
pronosticando el destino de Cartago y su ventura.
*
¡No temas! no son las tropas de Táriq, que con su ingente,
cruzaron el Guadalete con su canto musulmán,
permaneciendo en Hispania, ocho siglos finalmente.
*
Que tú, ya no perteneces ni al César, ni a Abderramán,
que desde aquél siglo XV, tras conquista diligente,
te anexionó a la corona, don Pedro de Estopiñán.

II
Llevas Rusadir el sello de la Fenicia de Oriente;
de esos dioses del Olimpo, que en la época romana,
te integran en la provincia Mauritania Tingitana,
recibiendo el esplendor del imperio de Occidente.
*
Te llamarán Rusadir por ese cabo imponente,
que se introduce en el mar, cual espada toledana;
¡cuántas civilizaciones en esta costa africana,
dejaron con sus vestigios tu pasado en el presente!
*
¡Cuántos siglos Rusadir, te invaden sin pena y gloria,
permaneciendo en secreto como espejo a una razón!
¡Cuánta lucha y cuánta afrenta resurge de tu memoria,
desde un doblar de campanas, al rezo de una oración,
o esa firma de Wad-Ras, cuyo tratado hizo historia,
al delimitar tu espacio con la bala de un cañón!
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Autor: Juan A. Galisteo Luque
Del poemario: Versos y paisajes
Publicada en Canal literatura
Fotografías del autor.


domingo, 17 de junio de 2018

A Bárcena de Campos (Palencia)

El municipio de Bárcena de Campos  con su iglesia 
El río Valdavia y su arboleda a su paso por Bárcena de Campos
Los chopos de Bárcena de Campos suspiran con el viento


A Bárcena de Campos (Palencia)

Cruzando Tierra de Campos
entre León y Palencia,
el Camino de Santiago
cruza Sahagún y se aleja,
dejando tras de su paso,
lomas, colinas e iglesias,
algunas ya coronadas
por los nidos de cigüeñas.
La Vía Láctea, sucumbe
misteriosa en las tinieblas,
dejando un manto cubierto
de innumerables estrellas.
*
   Al alba,
un inmenso mar de trigo
inunda la carretera,
y el sol desprende sus barbas
de rayos ultravioleta.
Por la noche, es el silencio
el que alumbra las conciencias;
al amanecer rocío,
al atardecer promesas.
*
  Cruzando Tierra de Campos
entre León y Palencia,
descubrimos tres comarcas,
Carrión, Saldaña y Herrera.
Un río, el Valdavia, cruza
Arenillas y se aleja,
fluyendo en el epicentro
de triangular confluencia.
Corriendo por Villanuño,
saliendo por Villavega,
sigue su curso a morir
a las aguas del Pisuerga.
*
Y un pueblo queda dormido
en la grandísima estepa,
parece, como si nadie
advirtiese su presencia;
solo el cierzo de la tarde
que ruge desde la sierra,
va a calmar con su frescor
el calor que hay en la tierra.
*
  Cruzando tierra de campos
rumbo hacia tierras gallegas,
el Camino de Santiago
deja León, y se acerca
cada vez más hacia el mar,
¡lejos quedaron las sierras!
y al final de su destino,
con lluvia de compañera,
recibe a sus peregrinos
la Ciudad de Compostela.
*
Sumido por la nostalgia
de aquellos que te recuerdan;
en nombre de todos ellos
que se van ó que regresan,
de ti, Bárcena de Campos,
me despido hasta que vuelva,
con la ilusión en la dicha,
en la pena ó la tristeza,
y con esa expresión firme
de humildad y de nobleza.
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Autor: Juan A Galisteo luque
Del libro: Café Boulevard
Fotografías y paisajes del autor 

domingo, 10 de junio de 2018

Bareyo (Cabo de Ajo)

Campos de Bareyo y de la playa Cuberris. Al fondo el Cabo de Ajo

BAREYO (CABO DE AJO)

    Cubierta de un verde manto,       
la mies ondea en el aire
como una alfombra sin dueño,
todo en el pueblo es lejano,
y en su paisaje de encanto
lo grande se hace pequeño.
*
Una yegua con su cría,
retoza cual rosa abierta,
el despertar a una vida
con espinas descubierta.
Las águilas desde arriba,
acechan su presa alzando
pertinaz la vista altiva;
mientras sus alas abiertas,
inmóviles van jugando.
*
Hay en Bareyo una iglesia,
que sola en lo alto dormita;
en Ajo, iglesia y convento,
y unas no pocas ermitas.
En verano, las estrellas
titilan su luz bendita,
y en su bella arquitectura,
se contempla siempre en ellas
esa existencia infinita,
tan natural y tan pura.
             *              
Del cantábrico, ese mar
bravo, orgulloso y rebelde,
las espumas de sus olas
van temblorosas a dar
contra las rocas y siempre,
mueren por su vanidad
en las playas, tristes, solas.
*
La ría que cruza Ajo,
con su lengua silenciosa,
se desliza sigilosa
desde su curso alto y bajo,
trayéndose a los ribazos
como serpiente que pasa,
un caudal vivo que arrasa
a través de la llanura.
                   *                  
Mientras tanto,
desmoronando ese brazo
de tierra, donde se adentra,
en loca y vana osadía,
buscando la lejanía,
el cabo de Ajo se enfrenta
con el mar, y en el desgajo
que ya consciente descubre,
su valor éste lo cubre,
lamiendo sus rocas duras
con flamante desparpajo.
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Autor: Juan A Galisteo Luque
Del libro: Café Boulevard
Ajo (Bareyo) Fotografías del autor.
Publicado en Canal Literatura

viernes, 1 de junio de 2018

El Cisne de Fontiveros





EL VIAJE

La tarde ya se oscurece  
y se oculta en el Ocaso…
Allá por el horizonte
de un día de sol muy largo,
Catalina y su familia,
desde la villa de Arévalo,
viajan en una carreta
rumbo a Medina del campo.
Las ruedas en el camino
van hundiéndose en el barro,
y un sendero tortuoso
de guijarros van cruzando.
Ella, que es joven y viuda,
lleva a Juan con nueve años,
y entre querencia y ensueño,
no encuentra ningún respaldo,
que pueda aliviar su pena,
su congoja y desencanto.
Ya son muchas las palabras
que ha escuchado de otros labios;
que entre Gálvez y Torrijos,
peregrinar toledano,
ha visto cerrar sus puertas,
recuerdos que no ha olvidado.

II
Con mirada penetrante,
el niño Juan con halago,
la pregunta entre suspiros:
-Madre, ¿por qué estás llorando?
¿Será el cansancio del viaje?
¿Será quizá del quebranto?
o es que tú, que tanto callas,
que piensas y me amas tanto,
no sabes decirme, cómo,
no sabes decirme, cuándo
llegaremos al destino.
¡No llores!, dame tu mano.
Son tus lágrimas estrellas
que adornan el sacrosanto;
como esas gotas de lluvia
que el mismo cielo ha dejado
para el brillo de tus ojos,
para tu imagen y encanto.
Son como rayos de luz
que alumbran tras de tu paso,
e iluminan para siempre
el amor de tu regazo.
¡No llores madre, no llores,
que yo estoy ilusionado!

III
-Dime, ¿si en aquel castillo
con almenas y murados,
se encuentran cerca las puertas
de la ciudad que buscamos?
Si es así, ya queda poco,
pues la verdad, voy cansado
de caminar entre piedras,
rastrojo, lodo y sembrados-
-Sí hijo mío, es el lugar
que a tantos he preguntado;
muleros y carreteros,
jinetes que en su caballo
no me prestaron montura,
tan siquiera me ayudaron,
todo por ser mujer pobre…
¡Sabrá Dios, cuánto descaro
nos espera todavía,
y cuánto celo encerrado!-

IV
Al cruzar por un sendero
se escucha un arroyo claro;
es el río Zapardiel,
donde absorto y muy callado,
escucha Juan la corriente
que le deja embelesado.
La madre que está muy cerca,
que hábilmente lo ha observado,
le acaricia con cariño,
y lo estrecha entre sus brazos...
-Tranquilo Juan, ¡no te asustes!
¡acurrúcate a mi lado!
pronto tendremos hogar
con techo y portón cerrado,
y podremos descansar,
si es que llegamos temprano-
-¡No oyes madre como canta!
!Baja alegre, suspirando!
No es el rumor de la fuente,
la voz que estoy escuchando-
La noche cubre de estrellas
un cielo azul con su manto,
y Catalina dichosa,
sonriente y murmurando,
le dice a Juan con ternura:
-A Medina, hemos llegado-  
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Autor: Juan A. Galisteo Luque
Del poemario: Versos de luz y sombras
Viaje de Arévalo a Medina del Campo 
Fragmento del  romance: -El Cisne de Fontiveros-
Fotografías del autor..Publicado en Canal Literatura


miércoles, 9 de mayo de 2018

A la Ciudad de Alfaro


 A LA CIUDAD DE ALFARO
(Entre dos fuentes de agua)

Ciudad mágica de Alfaro 
que hasta el cielo te levantas, 
con tu hermosa colegiata 
llena de cigueñas blancas;   
quiero mirarte de frente, 
pero un ciego sol me alcanza,  
 deslumbrando mi cristal 
como una radiante llama.  
Si bien dices que me quieres, 
si bien dices que me amas,
hoy me quedaré contigo, 
¡será la noche muy larga!  
Ciudad de Alfaro, ornamento 
de iglesias y de campanas, 
¡quisiera vivir contigo!, 
ascender como las águilas,  
para ver sin prisa el cielo 
y las estrellas cansadas.  
Yo soñaré en tu regazo, 
te sentiré más cercana,  
sin ser cautivo, ni preso 
del caudal de mi abundancia.  
-Aunque no seré tu amante- 
¡es Alhama quién te ama!   
Ciudad preciosa de Alfaro, 
que al llegar la madrugada,  
lanzas cien ecos al viento 
con majestuosa elegancia; 
entre nubes de algodón, 
quiero ver la encrucijada 
 que forma el bosque del Soto 
en mis orillas calladas.  
 Yo no quiero abandonarte, 
pero entiende que otras almas,  
requieran de mi presencia, 
de mi riqueza y mi savia. 
Alfaro, Ciudad de Alfaro, 
quiero alzar una mirada,  
a esa fachada mudéjar, 
labrada a la antigua usanza. 
Pasear por tu ciudad, 
por tus calles y tus plazas; 
ir a la Quema de Judas, 
ese Domingo de Pascua.
Escuchar viejas canciones 
de esa preciosa rondalla,  
que viene del Monte Yerga, 
en una noche cerrada.  
Ciudad de Alfaro, que vives 
con recóndita distancia,
todo un sueño de pasión, 
de amor y de remembranza,
quiero dormir a tu lado, 
quedarme hasta la alborada,
y soñar con las estrellas, 
bajo la luna dorada.  
Yo siempre estaré contigo, 
sin recelos, ni arrogancia, 
abrazado a mi destino, 
que es la luz de mi esperanza.
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Autor: Juan A Galisteo Luque
Del poemario: Versos y paisajes
Publicada en Canal Literatura
Imagen: Gentileza de Fotos Pixabay